Tabla de parentescos de don Fernando de Castilla, Regidor de La Palma (s. xvi)

Historias

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GALARZA Y PÉREZ-CASTAÑEDA, VICENTE



Vicente Marcelino Julio Galarza y Pérez-Castañeda, fue el menor de los hijos varones de los condes de Galarza, don Vicente y doña Teresa Domitilia. Para su nacimiento se barajan tres fechas: según Puig Montada, traductor al español del artículo que sobre don Vicente escribió el profesor Ahmad ‘Abd al-Halîm ‘Atiyya, de la Universidad del Cairo, aquél nació en 1878; en la documentación que se conserva en el Consulado de España en el Cairo aparece como fecha de nacimiento 1887; finalmente, el conde de Santa Cruz de Mopox afirma que nació en 1881. Roland Penrose lo describe como alto, delgado, de ojos oscuros, y su apariencia hierática era igual a la gravedad de su discurso y al elevado tono filosófico de su pensamiento. Algunos de los que le conocieron se refieren a él como viejo sabio, como una persona serena, un místico, un alquimista. Sabemos también que siempre vestía una casaca o túnica de seda negra y que tenía una personalidad atractiva y el encanto de la vieja aristocracia española. Era una persona ávida de sabiduría, aislada por voluntad propia, que dedicaba muchas horas a la meditación con el fin de limpiar el alma y prepararla para el conocimiento de la verdad. La documentación encontrada en el consulado de España en el Cairo nos habla de que Vicente Galarza estudió en París y en España. Pero también lo hemos encontrado estudiando en Londres. Durante esos años Galarza no sólo debió estudiar filosofía sino que se convirtió en un políglota. Consta que hablaba inglés, francés, alemán, árabe y algo de italiano. Desde joven, se interesó por los estudios orientales y la filosofía árabe. Mohammad Yasin cuenta en su libro “Studies: Historial and cultural” que Galarza, hacia 1903, conoce en Londres a un estudiante de  derecho, indio musulmán, Shaik Habib Ahmad, discípulo de Haji Warith Aly Shah. A raíz de este encuentro Galarza viaja a La India, al parecer en 1904. El Cónsul de España en El Cairo menciona en un informe que sus padres autorizaron ese viaje, pero que trataron de que fuese lo más breve posible. Y ciertamente lo fue. Según Yasin viajó en el buque Mármora desde Egipto, aunque no hay constancia de que Galarza estuviese aquí en esos años. El buque Mármora hacía el trayecto desde Inglaterra hasta la India con parada en Egipto. Es posible, por tanto, que ese viaje lo iniciase Galarza directamente desde Inglaterra o que hubiese venido a Egipto sólo por un tiempo, para meditar, como indica el Profesor Puig Montada. No hemos encontrado constancia de ello, pero sí de que al regresar de la India, habría enviado desde París una carta a Dewa, la ciudad donde se había encontrado con el santón. Varias fuentes recogen su breve estancia en la India. Al parecer Galarza desembarcó en Bombay y se dirigió a Lucknow y, luego, a Dewa, para encontrarse allí con Warith Aly Shah, que predicaba la tolerancia con un mensaje que dirigía a musulmanes, hindús y cristianos. Su encuentro fue caluroso y aunque sólo duró unas horas, marcó profundamente a Galarza, que se convirtió en uno de sus discípulos destacados. Como símbolo de ello, Wârith Ali Shâh entregó a Galarza una túnica que él conservaría con gran cariño. Al día siguiente Galarza embarca de vuelta a Egipto o a Inglaterra. Por lo que respecta a su vida profesional, señala Kampffmeyer que don Vicente Galarza debía haber entrado en la carrera diplomática, tal como lo hizo su hermano Julio, debiendo iniciar su carrera en Viena, pero no lo hizo. En su lugar viaja a Egipto en 1906 a donde llega, según el registro del Consulado de El Cairo, el día 10 de noviembre. Se inscribe como abogado y propietario y en la justificación de nacionalidad se anota que lo ha presentado el juez “A. Vázquez”. También aquí hay dudas sobre sus primeros meses. La nota biográfica de Josep Puig Montada, quien la toma del citado Kampffmeyer, dice que ejerció como abogado de los Tribunales Mixtos de Alejandría. Es posible, aunque no aparece registrado como tal en el Consulado de la citada localidad. Se sabe, por el contrario, que los primeros años vivió en hoteles, que se inscribió como abogado de la jurisdicción mixta de El Cairo y que trabajó como letrado-consultor del Consulado Honorario de España en El Cairo. Pronto va don Vicente a cambiar -¿O tal vez a simultanear?- de ocupación. Al poco tiempo de su llegada a El Cairo, inició los trámites para obtener los permisos necesarios e iniciar excavaciones arqueológicas en torno a la pirámide de Keops, cerca de la Esfinge de Giza. Al parecer, en sus lecturas sobre Oriente, Galarza habría leído un libro que señalaba que en esa zona había aún objetos sepultados en la antigüedad. El Cónsul de El Cairo menciona que la fortuna familiar había mermado y que Galarza vio en esas excavaciones una posible fuente de ingresos. En 1907 Galarza solicita el apoyo de la Agencia diplomática de España en Egipto para obtener los permisos necesarios para comenzar las excavaciones. Sabemos que se envió una nota del entonces encargado de la legación al Ministerio de Negocios Extranjeros de Egipto fechada el 7 de marzo. La respuesta, fechada el 1 de abril, negaba la autorización alegando que ese terreno había sido ya concedido para hacer otras excavaciones. En conversaciones con Gastón Masperó, Director General del Servicio de Antigüedades y del Museo de Egipto, es decir, el Zahi Hawas de la época, éste había comentado al Cónsul que no se habían autorizado en un principio los trabajos porque las excavaciones que ya se habían efectuado y los saqueos desde tiempo inmemorial descartaban, en opinión de Masperó, las posibilidades de encontrar hallazgos de valor arqueológico o económico. A pesar de todas estas dificultades, encontramos a Galarza excavando en 1907. Existe constancia documental de su participación en las siguientes excavaciones: el Cementerio Central, la falsa puerta Iunes y la tumba de la reina Khamerernebty II, todos ellos situados en el Campo Central de Giza. De todas ellas, seguramente la más conocida sea la excavación de la tumba que hoy lleva su nombre. Se trata de la tumba de la reina Khemerermebty II, excavada en la roca, probablemente empezada a construir por Khamerernebty I (esposa de Khephren) y finalizada por la propia Khamerernebty II, su hija. Con el fin de estar cerca de las excavaciones, Galarza alquiló una casa en lo que entonces era una aldea cerca de las pirámides. Allí vivía acompañado por dos criados, uno indio y otro, llamado Tewfik Bey de origen italiano, convertido al Islam y cuya mujer, de nacionalidad francesa, ejercía de secretaria de Galarza. De sus conversaciones con el Cónsul de El Cairo deducimos que si bien estaba interesado en su aventura arqueológica, su verdadero interés se centró en la filosofía. Galarza dictaba a su secretaria durante horas. En esa etapa se produce un incidente con su criado quien, probablemente, trató de sacar provecho del aislamiento y la fortuna de Galarza. Al parecer el criado decidió encerrar al Vizconde en la casa de las Pirámides para luego avisar al Consulado en El Cairo de que estaba loco. Su objetivo era al parecer, obtener parte del dinero de que entonces disfrutaba Galarza y posiblemente de lo obtenido en las excavaciones. El Cónsul en Alejandría (por ausencia del diplomático en Cairo) se hace cargo de Galarza, a quien ingresa en una clínica de la capital para trasladarlo luego a Alejandría. Galarza tras una reacción posiblemente alérgica a la morfina que le administran, logra finalmente que se le dé el alta médica. Sabemos que durante los dos primeros meses de 1909 que estuvo el Vizconde en Alejandría, el Cónsul trató de disuadirlo para que abandonara las excavaciones, convencido de que no tendrían ningún resultado. Pero Galarza se enfadaba cada vez que se le planteaba esta posibilidad e insistió en que se continuasen. Su madre, ante el encierro de su hijo, vendría a El Cairo en mayo de ese año, 1909, procedente de Biarritz. Poco después de que ella llegase, posiblemente en 1910, abandonan las excavaciones. El Vizconde de Santa Clara, se va a ocupar, a partir de ahora a la enseñanza de la Filosofía en la recién creada Universidad Egipcia. En efecto, Vicente Galarza y Pérez de Castañeda, que allí se hacía llamar conde de Galarza, fue, junto con destacados orientalistas de la época, quienes impulsaron la citada Universidad, de la mano de algunos grupos locales que creían que la aportación de los orientalistas europeos podría ofrecer interesantes aportaciones, tanto desde el punto de vista metodológico como sobre los propios contenidos relativos a su propio pasado. En la documentación que se custodia en el consulado de España en el Cairo, existen varias referencias a la forma en que el Vizconde de Santa Clara consigue su nombramiento como profesor de la Universidad Egipcia. Galarza, al menos desde 1912, había mostrado un gran interés por trabajar como profesor de Filosofía en la citada Universidad. Ese año escribe al Subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores pidiendo apoyo para obtener la cátedra de Filosofía. También pide apoyo a los diplomáticos españoles. En julio de 1912 el Cónsul de El Cairo informa a Madrid de que el Príncipe Fouad viajará a Europa y visitará España. En la contestación que le remite el Ministro de Estado el Cónsul anota a mano que podría mencionarle al Príncipe la posibilidad de nombrar a Galarza catedrático de la nueva Universidad. Una copia de esa carta debió recibirla Galarza, puesto que en su expediente se guarda una copia de una nota manuscrita en la que agradece esa carta “llena de bondad para conmigo”, en palabras del propio Galarza. El Ministro contesta que lo hará si se presenta la ocasión. Fuera cual fuera el resultados de estas gestiones, lo cierto es que, en 1913 comenzó a impartir sus clases de Filosofía en la reiteradamente citada Universidad Egipcia, situación que se prolongaría hasta 1920. En esa época publicó algunas obras que actualmente son difíciles de conseguir. Disponemos referencia al menos de una de sus publicaciones. Se trata del libro titulado Diálogos acerca de la Sabiduría en la Escuela Superior del Magisterio. Se sabe también que había preparado tres publicaciones sobre Spinoza, Locke y Platón, aunque se ignora si llegaron a publicarse. No sabemos gran cosa de su vida en esos años, salvo, que vive en la Calle Harvayati número 8 y que, según se ha publicado, deja la Universidad de Egipto en 1920 para dar clases en la Escuela Superior del Magisterio. Sabemos además que meditaba habitualmente, que en Egipto se convirtió al Islam y estudió la filosofía islámica. En el libro de Rolan Penrose -destacada figura del surrealismo británico casado con Valentine Bouée, escritora surrealista francesa de la que luego se divorció- titulado Scrap Book: 1900-1980, aquél cuenta su encuentro con Galarza en El Cairo durante el viaje que realizó con su mujer en las Navidades de 1928, invitado por Bonamy Dobrée, profesor de inglés de la Universidad Egipcia. En una cena conocen a Galarza, que causaría una enorme impresión en la pareja, pero sobre todo en Valentine. El matrimonio aceptó la invitación para visitar a Galarza en su apartamento, en un suburbio del Cairo, donde habla con la pareja de filosofía. Penrose menciona que Galarza no cita sus fuentes, pero que la mayoría eran orientales. La impresión que ha causado en ambos les llevaría a visitarlo al menos en otra ocasión. La pista de Galarza se perdía hasta ahora en 1925, cuando se sabe que seguía dando clases. Desde esta fecha hemos sabido que en torno a 1929 recibió la visita de su hermana Consuelo y, como anécdota, que en 1930 ambos sufrieron un robo, porque pide al Consulado que se le tramite un permiso de armas. En esa nota afirma que no puede acudir al Consulado personalmente porque está ocupado en las horas en que abre. Es posible que estuviese aún dando clases. Galarza deja de dar clases en 1931, ya que un Decreto del Gobierno egipcio de ese año establece que sólo se contrataría a ciudadanos egipcios. Efectivamente en 1931 Galarza pide un pasaporte en el Consulado para viajar a Bombay “con regreso a Egipto”, es decir, tenía la intención de volver. Se va a Calcutta, a trabajar como profesor en su Universidad y desde allí, en 1932, envía una nota al Consulado solicitando que se le remita una caja de libros y manuscritos suyos que había dejado en depósito. En esa carta indica que aún no puede volver a Egipto, lo que parece reafirmar su intención de volver. Señala además que las condiciones de vida son duras, que allí hace ocho meses al año el mismo calor que en verano en El Cairo y que es necesario tomar precauciones si uno quiere continuar con vida. En esa nota afirma también que su trabajo como profesor de filosofía lo tiene muy ocupado. La firma desde el “Saint Paul’s College”. Pero en la Universidad de Calcutta no lo encontramos como profesor de filosofía sino en el departamento de árabe. Poco hemos averiguado sobre su estancia en la India. Nos consta algún dato anecdótico como la visita del matrimonio Penrose en la que continúan recibiendo las enseñanzas místicas de Galarza, y en la que Valentine se confirma como su seguidora (ella viajaría a la India de nuevo en 1936). En 1937 se celebra en la ciudad de Calcutta un Congreso de Religiones con motivo del centenario del nacimiento de Sri Ramakrishna en el que participa Galarza. Al año siguiente los temores de Galarza sobre los riesgos para la salud que le rodeaban se ven confirmados y muere de disentería. De su muerte dan cuenta la nota publicada en la Calcutta Review de 1938 y el anuncio publicado en la Gaceta de la República el 22 de septiembre de ese mismo año. La Gaceta indica que el Cónsul de España en Bombay informa del fallecimiento de Vicente Galarza Pérez Castañeda. Por último, permítasenos concluir esta reseña biográfica del vizconde de Santa Clara, como concluye su necrológica publicada en una revista de Calcuta: “como profesor de la Universidad tuvo muchos seguidores entre sus alumnos, a quienes ofreció los frutos de su profundo estudio de la filosofía oriental y occidental. La Universidad ha perdido con él a un gran profesor y a un verdadero guía de juventud.”


Propietario/FuenteGARCÍA BENASACH, M. M. y MARTÍN PÉREZ, F. J.
Vinculado aVicente Marcelino Julio de GALARZA Y PÉREZ CASTAÑEDA, vizconde de Santa Clara

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